Mi casero vino anoche y me dijo:
-Señorita, es usted una prostituta.
-Claro que no- le dije-, en las tres semanas que llevo aquí, no le he cobrado a nadie.
Traspapelaciones delicadamente rescatadas de las garras del polvo y las chinches comepapeles, que sean provechosas para quien en ellas encuentre alguna especie de consuelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario