Tributo a la audiencia

Tributo a la audiencia
"The show is over" by Matthias-Haker

viernes, 1 de octubre de 2010

Orugas

Me voy a llenar de orugas las orejas porque me cuesta trabajo entender lo que la gente me dice, supongo que me ayudará en algún momento, todos parecen usar ese método y como que les va bien, nunca padecen de migrañas, los miembros les dejan de doler y sus preocupaciones disminuyen hasta casi desaparecer.

Debo confesar que no soy muy confiada de los naturistas, pero lo que he venido haciendo no me ha caído muy bien, es más, ¡puedo decir que me ha caído muy mal! ¡En el hígado! ¡En el útero! Entonces, probar este tipo de remedios caseros no me puede poner peor, y si acaso llegara a suceder, pues será por designo de algún ente fantástico-místico-caballerístico. ¿O debería de preguntarle al I-Ching...? Na, esas interpretaciones me vienen un poco ambiguas o triguas, al final haría lo que me viniera en gana. Además, este I-Ching la última vez me mandó a la fregada y mejor le dije, ¿Ah, sí? Pues ay-ching-a tu madre. Entonces no.

Me pregunto en qué parte de mi oído llegarán a instalarse las oruguitas. ¡Ah, tal vez se acurruquen ahí en donde está el caracol y puedan por fin sanarme el infinito! O si encuentran mi cerebro, pues a lo mejor le pueden dar una barrida, ya de paso. Anda muy tirado al traste, ya no me escucha tampoco él, no contesta el celular y le he mandado cantidad de correos, pero se hace wey y me deja chiflando en la loma. Está bien que esté carnosito y rosa venus, pero me la estoy pasando bastante mal. Sus cualidades no lo excusan. Aunque ya sé que el día que le dé la gana volverme a hablar me comprará con la idea de que para él no existe nadie como yo y que soy la neta del planeta y le gusta cómo huelo. Maldito cerebro, no sé por qué le sigo creyendo.

Al que no le creo nada es al futuro, es un amarillista de mierda. Además, la última vez que fui a su cuarto a coger con él no le dejaban de salir polillas de la boca, nos aleteaban por todos lados, el polvo me hacía toser y me desconcentraba, así que terminé por amarrarle la boca con cinta de aislar y me puse a recoger polillas para fumármelas en la pipa de su abuelo. Para compensar la puta decepción, me puse a ver un documental de National Geographic en donde mostraban una serie de hembras mamíferas que devoraban a los machos después de robarles el semen. Los científicos estaban azorados y estaban haciendo especulaciones sobre si eso pasaría pronto con nuestra especie, porque era como un mal que se estaba propagando a nivel intercontinental. Personalmente no creo que eso nos ocurra a nosotros los humanoides, porque nos aburriríamos de ver puras tetas volando por ahí. A mí de a ratos me aburre, aunque usted no lo crea, y cuando eso pasa me da por arrancarles las letras a los libros de texto de segundo de secundaria con pinzitas para depilar las cejas. Dicen que son buenas para hacer sopa, pero a mí me gusta más cuando las pego a las ventanillas de los Mercedes que salen de la Alameda y formo mensajes supuestamente obscenos como Me gusta oler las toallas sanitarias de mi mujer, o Se me antoja tu pito con cebolla, porque creo en la reinvindicación de las almas atormentadas por el hubiera y me acongoja verles en la cara el deseo y tienen que luchar contra la represión de su súper ego.

Puede que mienta en estos momentos de tremenda apatía, pero lo diré de todos modos: al final lo único que cuenta es el sabor a sangre. Apuesto a que eso fue lo que pensaron todos los que me vieron panza arriba en la camilla mientras tenía la frente y el mentón abiertos. "Los mejor de estos accidentes son las cicatrices: te dan mucha personalidad", me dijo el doc que me remendó. Le quise regresar el favor rementándole su puta madre y de un momento a otro me pareció que a él le hacía falta un poco de personalidad, así que le quite la aguja y el hilo negro y le cosí una personalidad alrededor de los ojos en forma de antifaz de batman en cuyo borde se leía Mi mamá me mima Mi mamá me mima etc. Muy cerquita estaba la sierra con la que le quitan el yeso a los exfracturados y se me ocurrió que era buena idea dejarla en donde estaba.

¡Verga, las cosas que una nena tiene que hacer para que no la tachen de infecunda y abnegada!

Cuánto ritmo, cuánto ritmo...