La soledad no existe. Es una ilusión creada por el hombre para evitar la confrontación con uno mismo. No estoy sola, no estoy sola, no estoy… amando a nadie en este momento, yo no existo. Morí en la guerra, en el choque de pasiones, de cuerpos inertes y vacíos. Las constelaciones vibran y me cantan un réquiem improvisado. Vi unos ojos con reclamo. Estaban parados en el espejo y no supe qué decirles, ni siquiera un perdón mediocre o mal pronunciado. Engordaste, enflacaste. Te violaste a ti misma. Tocaste el timbre y saliste corriendo. Piso, avanzo, retrocedo, doy una vuelta y estoy. No estoy sola, lo juro, no estoy sola. No estoy sola cuando despierto y me hago el amor y el desayuno; cuando me baño y me tiro cinco minutos extras en la cama antes de salir. Tampoco cuando regreso a casa a dormir, porque cuando me cubro con la sábana siempre encuentro a una persona diferente. Todas me comen de maneras diferentes. Unos se deslizan y me cortan en rebanaditas; otros simplemente roen los huesos y algunos hasta chupan el tuétano cocido de rabia.
La soledad no existe. Ya no. Una vez caído el sostén, las bragas se despiden solas. Lo demás es pura burocracia, incluso los gemidos. Porque en un beso se regala la verdad y en las miradas se regalan los besos: cuando no te veo, te estoy mintiendo. Sin embargo, no hay nada más mentiroso que besar con los ojos abiertos. Paradojas.
La soledad sigue sin existir. Así como no existen los tres reyes magos ni santa claus ni dios ni el coco. Si estoy llorando es porque me pican los ojos de tanta verdad. ¡Qué honesto resultó ser el suelo, no se parece nada a mí, que con las sutiles puntas de los dedos callé las verdades más pesadas de estos demonios antropófagos!

1 comentario:
Un placer de lectura y encontrar nuevos lugares! así es este mundo tan barato y lleno de sopresas. Saludos desde mi morada.
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