Me dejaste al son de Beirut y su canción Cliquot. Quería insultarte en francés, estaba inspirada, tenía pretextos. Pero ningún insulto que lograra construir y soltar de mi boca, que es la tuya, te traería de regreso. Estaba caminando hacia la horca y podía oir el bandoneón marcando el paso, eras tú el que cantaba con una mano en el pecho y nuestra bandera en llamas. No importa, soy una gata, te lo había dicho ya: tengo otras cinco vidas para usar. No te diré en qué usé las otras dos. Me queda el consuelo de no ser yo la que se quedó inmóvil en el borde del camino, la que dejó caer los párpados pesados como juicios, la que quiso con desgana, la que reservó del mundo sólo un rincón tranquilo, la que se pensó sin sangre, se juzgó sin tiempo y se durmió sin sueño.
Pagué siete mil pesos para que me dijeran que apesto
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O lo que es lo mismo, me pagué una editora, por fin, para que revisara mi
novela.
Y es que yo confiaba en este proyecto, a pesar de que navegaba
doloros...
Hace 6 meses
1 comentario:
Interesante sitio. A mí a veces me da por escribir; podemos leernos mutuamente, en estos rumbos tan carentes de colegas podría ser bastante propicio.. ¿no te parece?
http://sombrasdelamemoria.blogspot.com/
Un saludo.
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