Tributo a la audiencia

Tributo a la audiencia
"The show is over" by Matthias-Haker

lunes, 3 de noviembre de 2014

Escindir

Hay palabras sumamente elegantes para expresar una separación. Tengo a la mano, por ejemplo, el verbo "escindir". Recuerdo perfectamente cuándo y cómo fue que aprendí el significado de esa palabra: la leí en un poema escrito por mi profesor de español de preparatoria. La estrofa se leía de esta manera:

es
  cin
     di
       do

No recuerdo los versos previos ni posteriores, pero poco importa, lo que sí es que tenía 16 años de edad y escribía desde los 13 sin saber qué demonios estaba haciendo. Este profesor me explicó el sentido de la división y el salto de renglón de esta palabra. Me dijo "esta separado en sílabas porque la palabra lo significa". No había nada en esta vida más mágico que eso, es decir, me estaba enseñando a que podía escribir palabras cuyas sílabas se distribuyeran en varios versos o renglones. Mi quehacer en la vida ganó una dimensión: la profundidad.

Es/cin/dir. No es nada posmoderno, sólo tiene sentido, envuelve en sí mismo el efecto performativo de la escritura. Éste es un poeta al que yo respeto porque tiene noción de la responsabilidad escritural. En cambio, aquel imbécil que en mi primera clase del taller de Poesía del diplomado en Creación Literaria nos dijo a todos "la poesía no sirve para nada" se puede ir mucho a chingar a su madre por hipócrita.


Me separo.
Me escindo.
Me divido.
Me aparto.
Me dejo seducir por la alienación.
No quiero mi corazón envuelto en sus torpes manos.
No quiero que su boca mediocre pronuncie mi nombre;
hago ejercicio de mi voluntad y quiebro su abrazo imaginario,
porque llena mis días de humo lacrimoso,
ya no sé para dónde camino ni si mi cuerpo viene conmigo.

Es un nudo irresoluto en mi cabello,
me hace sentir fea y vaga,
he dejado de mirar el paisaje delante mío por prestarle tanta atención.
Ya no reconozco nada a más de un metro de mi nariz.
No hay caricia que le satisfaga ni tacto que no le lastime.

Necesito dejar de odiarme a mí misma por obligarme a permanecer a su lado.

Debo. Naturalmente, debo virar con gracia y soltura,
dejar que el viento acaricie mi cabello liberado
de ese gran peso estético
de esa bola carcelaria que no me deja andar;

Debo y bebo a solas el agua de un río negro
cargado de tres preguntas estúpidas
(por qué, por qué y por qué)
Porque por qué no, chingado.
Como dice el poeta del epígrafe:
"y quién dijo que pecar dolía,
y quién dijo que no pecar era satisfactorio."

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