Una vez traté de
conocer gente nueva. Fue horrible, tenían cara de que me creían todo lo que les
estaba diciendo. La gente estaba formada una atrás de otra en frente de mí y yo
sentada en una silla de plástico roja con un letrero de Coca-Cola en el
respaldo. Las preguntas de cajón me empezaron a tragar como si fueran ataúdes.
Llegó un momento en el que dejé de escuchar lo que me estaban diciendo y empecé
a imaginar los músculos de sus caras, tendón por tendón, hilo por hilo
flotando, separándose de su cráneo como si nos hubiéramos quedado a gravedad
cero y no hubiera cohesión de nada con nada. De fondo un bajo se tocaba solo,
sus cuerdas vibraban. Tummmm. ¿Que de dónde vengo? De la Luna, señor. ¿Que qué
estudié? Anatomía, pero en mis ratos libres mando cartas, responsos para mis
queridos amantes. Qué cuencas tan redondas tiene. Qué galante, pero no puedo darle
mi celular, no sé quién es usted, que de perfil su cráneo me recuerda tanto a
un Hommo erectus, de esos que pasan en National Geographic. Apuesto a que pela
plátanos sin usar los pulgares. ¿Sí sabe qué son los signos ortográficos, que
Venustiano Carranza no es un héroe de la Independencia, que ahora mismo es
primavera en el hemisferio sur? No. Aquella muchacha me pregunta que cuál es mi
color favorito. El color piel, le digo. Color piel, pero no le digo piel de
quién y ella piensa que ese color es el rosa salmoncito. ¡Plop, allá va su ojo!
Tum, tum, tummmm. No, no tengo Facebook ni televisión, me la paso el día
leyendo como cerdo. No, no me gusta Caballo de Troya ni Ildefonso Falcones.
Tummm tum. Qué desorden hace todo ese cabello suelto sin la cabeza donde
pertenece.
Tummmmm.
Todos ustedes se
disipan una célula a la vez. Hablan y hablan, su saliva me toca la cara pero no
me están diciendo nada. Ojalá pudieran reordenarse y materializar al objeto de
mi amor. A ver si leyendo, a ver si mirando el cielo. Nomás quiero que se hagan
a un lado, a ver a qué conclusiones llego. No me salvaré del tedio de sentirme
resollando, de ser irremediablemente yo por todos estos lares, pero me salvaré
de ver en ustedes todo aquello que me molesta tanto de mí misma.
Tummm.
¡Mira, Carla, tu lengua!
No hay comentarios:
Publicar un comentario