Tributo a la audiencia

Tributo a la audiencia
"The show is over" by Matthias-Haker

jueves, 19 de julio de 2012

Inundaciones y bofetadas

I've been draggin around from the end of your coat for two weeks,
everywhere you go is swirlin, everything you say has water under it
The National - Brainy

Tal vez haya cosas no valga la pena contar, ni siquiera a uno mismo. Aunque es inevitable, como la bofetada que me di ayer. Salí de mi casa cerca de las seis de la tarde. Estaba lloviendo a cántaros, no tienen una idea. Me puse un abrigo impermeable y unas botas negras de piel, aparte de eso no traía nada de especial puesto, unos jeans, una playera de Bob Dylan. El iPod. Tenía que llegar a una cita, pero había perdido mi paraguas. A pesar de eso, eché a andar. La lluvia, como saben, me hace más o menos feliz, me llena de nostalgia, me recuerda una foto mía en dónde tengo dos años de edad y estoy debajo del chorro del agua mirando a la cámara con la boca muy abierta y las palmas hacia arriba. Ésa era yo. No sé en dónde quedó esa foto, pero si pudiera, alcanzaría un pincel para pintarla con mis propias manos. Recuerdo todo sobre ella: mis zapatitos, las calcetas, un short de mezclilla, un suéter tejido amarillo y azul pastel, la moto de mi papá detrás de mí. A veces siento que sigo atrapada en un vulgar pretérito escueto. Caminé, caminé. A las dos cuadras ya estaba hecha una sopa, lo cual me divirtió con una pincelada de humor negro. En mi cabeza, había planeado pasar por en frente del consultorio de mi ex-novio. Hacía allá me encaminé, iba redoblando el paso, pateando el agua, olvidándome de la piel muerta, cuando por fin pasé. Miré suavemente sobre mi derecha y ahí estaba él, dando la espalda a la acera, abría una puerta, una mujer alta y esbelta detrás miraba su hacer, su novia actual. Quién sabe por qué no le conté esto a mi terapeuta; no quería que pensara que soy estúpida, suficiente tengo con pensarlo yo. Me miro ahora y veo que tengo atorada esta pequeña tristeza, me siento impotente. Me miro y estoy rodeada de amigos que no importan, amigos que me saben dejar sola, el recuerdo de un par de amores podridos y mediocres masticándome los sesos, la evidencia de mi austeridad, vestida de una tristeza perenne. Lejos, me fui. Seguí pisando la calle, un pie después de otro. Cualquier cosa, uno las da por sentado. Pensar en los recuerdos dolorosos es un vicio que no he logrado curar. Los hombres malgastan palabras hablando de desamor y mujeres ingratas, ¿de qué sirve compartir su sapiencia, señores? Sólo para decirle al mundo que fueron buenos, para sentirse nobles, superiores. No hay negro ni blanco acá, sólo ligeras capas de gris apelmazándose una sobre otra; debajo queda la niñez, la llegada al mundo, la ingenuidad primigenia, porque antes de todo, teníamos la piel suave, relamida de líquido amniótico. Después, nuestra madre nos besó y ahí todo empezó a irse al caño.

Un beso y la vida comienza. Para todos aquellos que subestiman el poder del calor humano, para todos los que abusan de él, para todos los que se desprenden como sanguijuelas el amor, para mis queridos amigos, los más valientes de todos: yo me retiro, demonios beligerantes. Espero que pronto mueran de aburrición.

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