Tributo a la audiencia

Tributo a la audiencia
"The show is over" by Matthias-Haker

lunes, 20 de agosto de 2012

De la vez que fui la zorra del cuento y me dejé coger por un wey con novia

Sí, yo también he sido de ésas. Oiga, no pasa nada, todos resbalamos una vez o dos en la vida. Tal vez lo que me molesta es que mis deslices han sido para repartirme la madre en gajos.

Pasó así, que un día llevaba yo la cuenta de mis días sin coger, que había acumulado como ocho meses, que, además, nunca me había venido a gusto porque mi exnovio era medio inútil para eso y yo más por no haber hecho nada por mi cuenta, que un amigo andaba de visita en la ciudad y yo me acababa de mudar de un pinchurriento cuarto a un depa para mí solita; él necesitaba en donde pasar la noche y por eso me llamó, no crea que por tener ganas de cotorrear sino de cotorrearme con el pito. A esas alturas a mí me daba igual, lo único que quería era quitarme la sensación de vértigo crudo, sin acabar de hacer. Por mutuo acuerdo, nos íbamos a convertir en el utensilio del otro, como si un par de toallas se negaran a secarse las manos en su propio cuerpo, tan ridículo como eso. Y él llegó con cervezas, me llevó a platicar a la azotea (mi azotea) y me plantó un beso de lo más asqueroso e inesperado, sabor cigarro, cerveza y saliva vieja, como la hojarasca que llevaba años pudriéndose en el techo de la vecina. Era de noche, ajá, y no había ninguna luz alumbrando por encima de nosotros, así que aprovechó para meterme la mano y saludarme con ese tacto tan machista que tiene. Es verdad, todo esto es verdad. Después, me bajó las pantaletas y me penetró. Claro que antes de llegar ahí había intentado hacerlo por las buenas, pero yo me negaba pretextando que él tenía novia y así. No se la creyó ni por un segundo, soné más falsa que un billete de tres pesos, que era exactamente mi valor nominal al final de la noche. Al terminar la breve e intempestiva penetración, me dijo "Ya, es suficiente por ahora, quiero que me ruegues, que me pidas que te dé más y más, ándale, dime que lo quieres". Se lo dije, la neta al palo, pero lo que sentía que me salía de la boca no eran las palabras que uno dice normalmente, que sólo es rozar la lengua con los dientes y el paladar, medio cerrando la garganta para sacar un sonidos menos graves que otros, sino un puñado de ramas secas que me rompió un poco el labio superior. No sé si él percibió el olor de la sangre, pero yo traté de tragármelo rápido para que la acción no terminara ahí por puro asco. Dijo "Chúpamela". Lo mandé al carajo. "¿Entonces qué, a qué crees que vine?" "A pasarte de pendejo, ¿no?" y lo jalé de la muñeca para meterlo al depa, empujarlo a la cama y para que me preguntara "Qué, ¿qué me vas a hacer ahora, zorrita?". Le solté una bofetada y el me agarró de la cintura para sentarme encima de él. Traté de levantarme, quitarme de ahí, pero el forcejeo me estaba excitando de más y terminó por hacerme rechinar los dientes de puro coraje. Le quité la playera, trató de incorporarse, lo empujé fuerte para acostarlo, me quité la blusa, me mordió los pezones y me rasguñó la espalda. Mi tatuaje de humo azul pasó a ser rojo y quemó un poco la colcha con un rozón que sin querer le di. Ya sin pantalones me penetró nuevamente y yo no dejé de contonearme mientras estaba arriba de él, no dejaba de decir "¿Sigues sintiendo lástima por mi novia, eh? ¿Todavía sientes lástima, putita? Eres mi putita, dime que eres mi putita". No le hice caso, lo agarré de la cara y le volteé la barbilla hacia la pared, restregué mi mano contra su cara y luego él me golpeó fuerte las nalgas. Aceleré todo lo que pude, arriba abajo, atrás adelante, adentro afuera y así hasta que me tuve que detener porque un latido tardío me hizo perder el aliento. Juro que me empecé a contraer y lo empecé a succionar con la vagina, quería arrancarle los pectorales y golpear fuerte su tórax; cerré los ojos y abrí grande la boca para tragarme de una bocanada el aire del universo. 

Al final exhalé todo lo que había pasado por mi garganta, estaba caliente, medio húmedo a mi alrededor. Abrí los ojos, abrí los puños y en las palmas tenía la marca de mis uñas clavadas e, incrustados en el centro, los pezones de mi malhumorado amante.

2 comentarios:

Doña Diabla dijo...

Ay me encanto, todos hemos tenido cogidas de este tipo.

Ahora has hecho que mi escito quede como ñoño y aburrido jaja.

Muy buena entrada, me encanta la desfachatez de la narracion.

Acróbata dijo...

Señorita La Diabla, lo escribí porque el título de su entrada me inspiró. Sentí que era necesario contar esta historia, aunque hay algo que le falta, todavía no sé qué. Es probable que pronto la edite, aunque no creo que alguien se dé cuenta, jojojo.

Gracias por los elogios.

¡Saludos!