La fe de soi puede ser inagotable, siempre y cuando reciba una recompensa, aunque sea un día sí, otro día no; un mes ahí, otro mes allá. Pero también puede ser completamente extinguible. La espera hace que se empiece a rellenar el día a día con otras esperanzas. Eventualmente, quedará ocupado el espacio que se reservaba a la fe primigenia por otra fe más sabia y mucho mejor recompensada. Lo mejor es encontrar alivio en el más corto periodo de tiempo, antes de que se pierdan las ganas de renovar, rehacer, reaprender, volver a vivir. Esta sed de vivencia puede ser saciada con un evento catastrófico, es una sed que no conviene apagar. La sed de vivir...
La adoctrinación no es lo mío, prefiero escuchar y preguntar. Estoy en la boca del lobo. ¿Quién puede conformarse con eso?
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