Todo comenzó el día en que decidiste amarla. Dedicaste años a la construcción de un modelo de mujer que se adaptara a tus necesidades sin calcular que no serías la necesidad de ella. El día en que ella se dio cuenta de su sofocada autonomía, fue el mismo en que tu mundo comenzó a desintegrarse. Quisiste hacerla partícipe de este colapso y mientras tú te hundías en el fango, te aferraste a su mano.
Ella, para salvarse, se la tuvo que cortar.
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