Pues a la mierda entonces. Ahora sí me vas a escuchar, quiero decirte que después de esto ya no hay vuelta atrás, voy a desaparecer porque estaré nadando en una piscina de vergüenza por haberte destrozado de esta manera, pero no tengo otra opción, llegamos a la frontera que juré nunca violar contigo.
Te dejé que te creyeras que eras la cima de mi montaña. Así lo fue por un tiempo, pero después de escucharte quejándote de las mismas cosas siempre, te fuiste bajando de nivel. Fue como si yo, de lejos, hubiera visto una virgen muy grande y conforme me fuera acercando, la virgen empezara a empequeñecer hasta volverse diminuta. Ahora cabes en la palma de mi mano. Pensé que éramos iguales, pero no. No dejas de quejarte de lo mismo y lo que más odio de ti es que sigues buscando un verdugo para que te corte la cabeza. ¡Mírate, diciéndome que no tengo derecho de meditar sobre si perdonarte o no! Me dices que quién me creo para ponerme a juzgar tus sentimientos, ¿no será que es eso lo que te quieres decir a ti misma mientras me juzgas tú a mí? ¿Y por qué carajos tú sí te piensas con el poder de decirme que no tengo el derecho de sentirme como siento?
Eres una cínica, porque bien sabes qué es lo que provocas cuando haces lo que haces y dices lo que dices, así como yo sé qué estoy provocando con esto que te estoy diciendo. Pues hoy me revelo y te digo sin pelos en la lengua que te he mentido más de lo que crees; te he sido sincera a medias. ¿Quieres saber qué es lo que pienso de ese muchacho del que estás enamorada, del que dices amar? Que es un pendejo y que te trae como se le da la puta gana y que tú eres más pendeja por dejarte y además por admitirlo. La verdad es que no van a llegar a nada, pero eres adicta a la culpa, por eso te gusta hacer llorar a tu mamá, desobedecer, buscar aquello que es más dañino para ti y con eso castigarla. ¿Qué te hizo ella para que la trates así? Siempre buscándole tres pies al gato. Hoy heriste a la mejor de tus mejores amigas, tu confidente incondicional, ¡oh, Ana Corrompida, quién estará ahí para consolarte después de tu ultraje! Qué adrenalina violar los límites, caray. La soledad esté contigo…y con su espíritu.
Carajo, y crees que conoces el dolor y que estás un paso más allá que los demás y que por eso te sientes con la autoridad de decirme que lo que estoy haciendo es un drama injustificado. Pues yo también de buenas a primeras me siento con la autoridad de hacer lo mismo, de decirte que no tienes ni puta idea de lo que es el dolor. Tu dolor es de juguete, es como estar jugando con las barbies. ¿Qué crees que sabes tú de la clase media si no has tenido que sudar ni una gota de lo que te han dado de comer, ni sabes lo que se siente trabajar para pagarte una carrera? Si pasas hambre, es porque te gastaste el dinero en mota u otras mierdas, no porque hayas usado ese dinero para darle de comer a un hijo tuyo, a un hermano tuyo o a tu madre. Alimentas tu propia pobreza, y no la de bolsillo, sino la de espíritu. Te crees profunda, compleja, espiritual, conversa, pero no lo eres, eres sólo parte del otro montón. Yo también lo soy, pero al menos no soy del montón parásito, porque yo no ando de chupasangre con mis amigos ni con mi familia. ¿Y sabes cuál es la gran diferencia entre tú y yo? Que yo sí busco ser mejor que ayer y me rasco con mis uñas y conozco el precio. Tú te alimentas de una fe vacía y crees que puedes hacerme sentir ridícula y pequeña, que mis sentimientos son viscerales e irracionales, que me puedes callar y olvidarme. Te equivocas, ni me callo, ni me olvidas, ni me haces de menos. Porque yo no soy la muñequita que puedes tener arrumbada en un clóset con la que puedes jugar cada que se te dé la gana. Yo también puedo decir que no, y es lo que te digo ahora: hoy no, Ana, ya no. Tengo el poder de decidir cuándo escucharte y estar ahí y cuándo no; no eres la única poseedora de este poder. Te lo di y ahora, como así, te lo quito. No eres tú la que decide hacia dónde, ni cómo, ni cuándo.
Me dan risa tus problemas. Si te oyeras a ti misma. Llevas dos años quejándote de tu soledad, de tu carrera, de la gente que te rodea, de Alberto…ése es el drama más grande de tu vida, ése hombre tan pequeño, hijo de medio burgueses, como tú, como Ricardo, que tampoco tiene ninguna necesidad de trabajar, lo que se dice trabajar. Y dicen que, sobre todo, conocen el sentimiento del pueblo. Qué pinche risa. Si de verdad estuvieran preocupados por la vida de allá afuera, no estarían poniéndose pendejos, perdiendo el tiempo y el dinero en tarugadas como sus mentados raves, se pondrían a estudiar y a chingarle y a resolver los pedos con sus mismas putas manos. Pero son demasiados egoístas como para hacerlo. Son demasiado cobardes. Su dolor es el único que ven, su dolor de juguete, de niño consentido, con la droga patrocinada por sus cínicos padres, que también se quieren hacer pendejos llorando y diciéndoles que no hagan lo que hacen, pero les dan el dinero para hacerlo. Es como si les dijeran a sus padres “Mira tengo una barra de dinamita en la boca”, y ellos dijeran “Deja te la prendo, corazón”.
Por eso digo que su dolor es de juguete, porque siempre que se presenta la bifurcación y pueden elegir, eligen el camino oscuro y lleno de piedras, si no, qué chiste, ¿no? Le quita el saborcito a vida que les enseñaron a buscar: el amargo. Bola de imbéciles consentidos y caprichudos. Un día quieren negro y el otro día quieren blanco. Todo depende de para dónde vayan los demás, soy Necio Rebelde Sin Causa y me creo mejor que todos, por eso pienso siempre lo contrario. Si mañana cambia de opinión la gente, pues yo también.
Siempre consumiendo lo que de moda está prohibido. Chinguen a su puta madre todos, bola de pendejetes. No son héroes de absolutamente nada. No son ni un rayón en el espacio de la historia del universo. Su presencia o su ausencia no le hace ni cosquillas al cosmos, ni ustedes ni su sufrimiento desechable. Por eso ya me vale pito si me oyen o no, si se enteran de lo que pienso verdaderamente o no. Su opinión me la paso tres veces por el arco del triunfo, putos, porque nunca la he respetado. Y a la verga con las máscaras. Hoy me la pelan.
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