Epopeya breve redactada por encargo.
Dedicada a Emmanuel Vivanco Tovar
He cruzado los vigorosos mares del atlántico desierto
He marchado sobre las flores que adornan el sendero de otras tristes andanzas
He cortado la maleza de doradas espigas que entorpecen la visión del horizonte
Llegué hambrienta, desesperada
Y de un bello ángel recibí alimento:
una torta de chorizo.
Regresé a mi punto de partida,
en donde mi colegas aguardaban.
En mi banca, mis hojas.
Sobre mis hojas, mis dedos.
En mis dedos, grasa.
Apuntes servilletas.
Ergo: grasa sobre mis hojas.
¡Oh, Destino esquivo!
Ahora mis apuntes son la pesada evidencia
de mi decadente condición:
estudiante, hambrienta y chunda.
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