A Bernardo Olmedo
Labro con sudor un mundo
donde la mayor locura,
y en donde me juego la cabeza,
es creer que esa persona
que dices que amas
cuando me miras
sea realmente yo
y no una elucubración material
de tus demonios terrenales.
Traspapelaciones delicadamente rescatadas de las garras del polvo y las chinches comepapeles, que sean provechosas para quien en ellas encuentre alguna especie de consuelo.
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