Hace algunos días que mi cuarto huele a gardenias. Sentí una necesidad muy grande de comprarle unas al muchacho de la canasta el otro día en el mercado. Son muy pequeñas. Aún no han abierto sus robustos botones. No sé por qué nunca me había decidido a comprarme unas si me gustan tanto.
Han sido días difíciles de estar conmigo. Necesitaba tener un gesto de calidez desinteresado de mí para mí. No pedirme nada a cambio por esas flores, no exigirme entereza ni estoicismo, buena ortografía ni claridez de pensamiento. Sólo unas flores porque sí. No pensé que me fueran a durar tanto. Pienso que podría comprar más flores la semana que viene, hacer de ese olor un hábito, tener cerca una vida que sólo sea y florezca porque es lo que hace siempre. Como los músicos que hacen música porque eso hacen, los bailarines, los artistas plásticos, los actuarios, los empleados domésticos y así.
Yo leo, en el amplio sentido del verbo "leer". A veces escribo y permanezco sola. Cada vez es más agradable estarlo, hace algunos meses empecé a desacelerar la huída de mí. Ahora estoy estacionada, de forma figurada. Y no está mal, me da tiempo de mirar el camino delante de mí antes de retomar el paso. Escojo mi propia música, como a la hora que yo quiera, me evito compromisos desagradables. Dejé de envidiar.
Un día me haré de nuevos amigos, incluso podría hacerme amiga mía. Hoy me basta con mis flores... y mis libros.
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