No encuentro descanso, pero ¿Es
por ti o por mí?
Ya no estoy dispuesta
a perder este hilo que quiere
ser hebra que quiere
ser tejido que quiere
ser nuestra
sábana de estrellas que quiere
ser nuestro colchón
del romanticismo incógnito.
Qué hacer
si mirarte
si hablarte
si nombrarte
si saludarte
si invitarte
si recitarte
si reírte
si llorarte
si esperarte
si ignorarte
si llamarte
si lucharte
si lograrte
si tocarte
si darte o no darte
si quitarte
si robarte
si perdonarte
si dedicarte
si adorarte
si odiarte
si celarte
si rendirte o ganarte
si escucharte o sólo decirte…
Y
volver a esperar.
¿Esperar qué?
Esperar tu atención
tu hola
tu sonrisa
tu cariño
tu amistad
tu mirada
tu tacto
tu cuerpo
tu llanto
tu bofetada
tu adiós
tu indiferencia
o
un simple portazo en la cara.
La pasión que en realidad no
espero,
ni tu amor
y mucho menos tu beso
el
de bienvenida
con
el que te marqué la frente.
Ese beso-ilusión absurdo
como
ver conejos en la luna.
¿Cómo quieres que te espere?
¿De pie?
¿Sentada?
Las piernas cruzadas, juntas,
abiertas;
las manos atrás, en los bolsillos,
sobre la cabeza o cruzadas sobre mi pecho;
parada de manos, colgada de un
hilo
a la sombre de un abedul o de un
baobab;
con una paleta, un cigarro, una
manzana, un chicle, una pastilla de valium;
una cerveza, un café, un té, una
margarita o un shot de tequila;
acostada
boca arriba, boca abajo, de lado
con los pies en la cabecera, el
corazón en el techo y el cerebro esperando bajo el colchón;
los
ojos en las estrellitas de plástico que brillan cuando se apaga la luz.
Con pantalón, short, falda o
vestido corto, largo, mediano con o sin flores
la
flor por arriba o por debajo un
lirio, una flor de loto
Aunque de todos modos no sé si
vendrás,
¿lo sabes tú?
¿Vendrás a tiempo?
¿Solo o acompañado?
¿Mesa para dos o para cuatro?
Soy tu títere,
aunque los hilos que manejas
no son sino el reflejo
de mis dedos
jugando con los tuyos.
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