Tributo a la audiencia

Tributo a la audiencia
"The show is over" by Matthias-Haker

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Dejé "La Ritournelle" en repeat


Si quieres venir, aquí estoy, para ti, para recibirte con las piernas abiertas y el corazón cerrado, porque la posmodernidad no nos permite acercarnos demasiado, pero sí tener el valor para admitir que nos deseamos. Tengo toda el agua que te hace falta para nadar, querido pez de agua dulce. Te propongo tener un romance kunderiano, nos diremos primores cogiendo, me gustas y me gustas, hasta que la música nos separe cuando rayemos las paredes con nuestros nombres de pila sin querer decir que deseamos estar juntos, cachete con cachete, boca con boca, sexo con sexo y todo eso revuelto. ¿Te gusta mi cabello largo y alborotado? A mí me gusta que fumes tanto, que me toques y me toques, que te llames como te llames, que me sonrías cuando te nombro. Y escribiría tu nombre para tacharlo después, pero no tiene caso alguno hacer una ñoñada como ésa. Recuerda, yo no existo, ni tú, aunque tus movimientos estén tan impregnados en mi cuerpo, aunque el dolor de mi vientre me diga que estuviste ahí, lo negaré si alguien me lo pregunta, me voy a hacer la loca porque loca es como me tienes acá encerrada en una lata aparte, una lata color morado, rodeada de cortinas por cuyas ventanas me asomo, a ver si de casualidad andas parado en la esquina con tu bici, como si tú mismo estuvieras esperando a que me asomara. ¿Qué tenemos? El pinche Facebook y los cigarros o las canciones que escuchamos mientras no estamos, sólo como para tratar de concentrarnos en recordar las sensaciones, como para reproducir en nuestros cuerpos las temperaturas y los latidos, como si el beat de todas ellas fueran los golpecitos que nos dimos esa noche. Y me muerdo las manos o cierro bien fuerte los puños, aprisiono con ellos mis cobijas y en el transporte público me sonrojo de tanto pensar en ti, o cuando estoy trabajando confundo todo, quiero cortar cebollas con los tenedores o prender la estufa con las cerezas. Juro que caminando te perseguiría, te andaría por todos los corredores del centro hasta que me sintieras respirando por detrás de tu nuca, con ese beat encerrado en mi pecho tocando las mil canciones, recitándote frases o preguntándote cosas inútiles sólo para oírte hablar y después interrumpirte con mis besos. 

¿Puedes cerrar tus ojos y pensar en mí, en cómo se sintió todo, en la paz tan tormentosa que nos envolvió a las cuatro de la mañana ese día, y a las tres y a las cinco hasta que te tuviste que ir a dormir a otro lado? Cuánta adrenalina, cuántas ganas de decirte y cuántas ganas de volver a verte. 

Cuántas ganas de terminar de escribir, de ser ingeniosa, de atraerte hacia mí para incendiarlo todo.

Yo siempre escribo cuando no tengo permiso. Y no, no me arrepiento de nada. De nada, querido hombre melancólico.

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