Y pienso en
ti como quien piensa en las olas del mar
que lo
arrastran y lo empujan a uno fuera de sí
entre la
suavidad del agua y la dura y movediza arena
con toda esa
agua salada recorriéndome la cara
mojada y
vuelta a secar
como cuando
me tragas y me escupes de nuevo
al mundo que
me precede.
Te miro como
quien mira una claraboya a lo lejos
imprudente y
contrito en la línea limítrofe
entre el
Mundo de Allá y mi cuerpo tan tendido en el Mundo de Acá.
Te alzas y
me miras de vuelta como si te pararas de puntitas:
yo me alzo
contigo.
Me llamas
"¡Acá!" me gritas.
"¡Allá!",
te respondo.
Me meto al
mar sin desnudarme,
con los
zapatos y los lentes puestos
y sueño con
colgarme de ti para flotar
para poder
gritar desde tu lado "¡Acá!" sin sentirme Allá.
Pero la
playa se alarga,
se
multiplica como si estuviera varada entre dos espejos y yo no pudiera
atravesarla.
AlláaaaaaaaaaállA.
Y las aaaas
me comen en su pequeño vientre cerrado y húmedo.
No te
molestes si, como último gesto egoísta, decido ahogarme.
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