Creo que es pertinente expresar mi asco generalizado ante este estúpido pseudo género de la literatura "femenina". ¿Qué mujer no ha escrito alguna vez cosa parecida? Me parece sintomático y, sin llegar a literatura, se vuelve una mera válvula de escape, ya que la mayoría de estas escritoras no logra sublimar el deseo para que llegue a ser arte. Y soy una perra por declarar esto. Pero me gusta.
Y pues ya estoy hasta la madre de este malogrado género. Así que escribo esa advertencia a manera de título para contar lo siguiente:
Por fin lo tuvo ahí, sentado en donde siempre lo había imaginado, amarrado, amordazado, asustado. Sudando horror por todos sus poros. Llorando. Le paseó un largo cuchillo por la cara, el cuello, el pecho, el ombligo y se detuvo en la entrepierna. A manera de ambientalización, puso la canción con la que se enamoró de él, Don't Let Me Down de The Beatles. Al son, se puso a bailarle lentamente. Después, le reclamó; le echó en cara todas las palabras dichas, las dedicaciones, las promesas, los obsequios. El tiempo. Maldita sea con el tiempo, esa mierda indefinible que nos escurre por el cuerpo, tan viscoso que se queda atrapado en las ranuras de la piel hasta agrietarla sin remedio alguno, y no sólo en el cuerpo, sino en el cerebro, que al final de todo termina astillado y oxidado. Y así como lo podemos sentir es también inasible, inefable (¿inflamable?).
Le gritaba y le escupía ¡Don't let me down, hijo de puta! ¡Me lo pediste de rodillas!
Ja.
La gente es muy curiosa; bueno, esa dizque gente que te abraza con dizque brazos y te besa con dizque labios. "Te abandono porque tengo miedo de que me abandones", ¿no es para cagarse de risa? "Mira cómo no te necesito, me doy la vuelta y fraternizo con el enemigo, porque no te necesito, mi mundo no gira entorno a ti, ¿quién dijiste que eras?" ¡Eras! Me dan cosquillitas sádicas, como ésas que le dieron a esta mujer abandonada. Mi mujer, la del relato, estaba triste hasta el tuétano y ya no podía con su memoria, quería reventarse el cráneo a golpes, a ver si así mataba a ese parásito que vivía de sus pesadillas. El maldito tenía nombre propio, por supuesto, nada más que lo tengo que censurar por motivos de hipocresía. Pero ella necesitaba saber que era la mujer que esperaba de sí misma, la que no se iba a rajar por no sé qué motivaciones viscerales y que harían de ella una mujer cualquiera. Jamás iban a decir de ella que se rebajó al nivel de ese pedazo de mierda que tenía llorando en frente.
Entonces, La Mujer se acercó a la puerta, tomó su cartera, las llaves de su coche y se largó a comprar un maldito helado de fresa.
1 comentario:
esto no es otro estúpido comentario de esos que normalmente llegan:
Me encantó,y me gustó aún más escucharlo por primera vez a viva voz, los gritos de de la escritura femenita, los grandes gritos y no hay no hay que andarse con mamadas vainilla. sí mija.
Publicar un comentario