Tributo a la audiencia

Tributo a la audiencia
"The show is over" by Matthias-Haker

jueves, 9 de diciembre de 2010

Te reconozco

Ah, mi extrañado amante, te me apareciste a la mitad de mi tormenta. Andaba yo caminando por Plaza de Armas buscando no sé qué cosa y cuando volteé, ahí estabas sentado en frente de la fuente, muy campante con tus manos maravillosas a la vista sobre el estuche de tu violín. Extrañaba ya esa mirada, me di cuenta en seguida de que me estabas siguiendo con esos ojillos de cachondo que te cargas. ¡Chingao, pero cuánto orgullo! Tuve que ir yo a saludarte, me agaché a saludarte adrede para enseñarte el comienzo de mis senos, los viste y luego me miraste a los ojos. Apenas acerqué mi mejilla a la tuya me dijiste una sarta de pendejadas que involucraban mis nalgas y esas manos tan mágicas que te guardas. ¿Todavía vives en Escobedo?, me preguntaste. No, ya vivo más lejos. ¿Y en dónde estás ahora? Pues a media hora en camión, hasta Lomas del Marqués. ¿Y eso? Pues allá no tengo que pagar renta. Qué buena onda, ¿y hay alguien ahorita? No, ¿tú crees? Estoy solita, ¿cómo ves? No, pus muy mal, señorita, ¿y qué andas haciendo por acá a estas horas? Ya no vas a alcanzar camión. Traigo mi camioneta, corazón, no te apures. ¿Y no te da miedo pasearte por el centro con esa faldita? Pues no mucho, mira, con estas botitas le rompo los huevos al que se me plante en frente. Te agachaste para verme las botas y de paso los calzones. ¡Ay, güey! No ps sí tienes razón, andas bien armada. Y me subiste la mano por la pantorrilla y levantaste un poco mi falda para ver mejor mis piernas. ¡Órale, te hiciste otro tatuaje! Simón, ¿te gusta? Me encanta. Apretaste los dientes y tomaste con fuerza mi muslo. ¿Y  no te hiciste otro más arribita? Y me alzaste más la falda pero te detuve con un gritito. ¡Oye! Aguántate a que lleguemos a mi chan, ¿no? Allá te enseño todo lo que quieras, apuesto a que ni te acuerdas. ¡Cómo no, Carlita! Mira, si se me hace agua la boca nomás de acordarme. Con tu mano derecha me tomaste por la cintura y me atrajiste hacia ti, te acercaste a mi boca y me mordiste un labio. Me llegó de golpe el recuerdo de tu aliento, como entre naranja y clavo; el olor de nuestros sexos, la textura de tu lengua, la vista de ella recorriéndome los pezones y sobre todo -ah, sobre todo- tus manos sosteniéndome por la espalda baja, en la frontera con mis nalgas que un día, en nuestras primeras andanzas, me dijiste antes de cogerme por detrás: es un paisaje muy inspirador, sí, tu culo es como un duraznote, un corazonzote.
Después de reconocerte, me mojé en seguida, te quedaste muy cerquita de mi cara, respirando profundo y te hice un cariño con mi lengua en tu labio inferior. Terminaste por besarme tan fuerte que, ahora que me veo, me dejaste un moretón. Entonces, ¿vamos? Pues vamos. Caminamos desde Plaza de Armas hasta el río en donde dejé estacionada mi camioneta, y, a pesar de tu violín, hallaste la forma de irme manoseando todo el camino. Iba hecha un lodazal cuando por fin nos subimos a la nave y nos fuimos a mi casa.

2 comentarios:

Teresa © Todos los derechos reservados dijo...

Ficción o no ficción? he ahí la cuestión.

Acróbata dijo...

La realidad también es una ficción.