Tributo a la audiencia

Tributo a la audiencia
"The show is over" by Matthias-Haker

domingo, 20 de junio de 2010

Un bicho inaplastable y el busto del hombre blanco


Está dando vueltas esperando a no sé quién. Es un espacio gris ballena, rugoso, el aire espeso y a la vez vacío. De un lado, una muchedumbre conocida, gente de la escuela, amigos de otras ciudades, de otros lares, cada una tenía un color y una textura diferente, como recortes de revista, no tienen proporción entre sí, todas expuestas al sol aparente (que debió de haber estado ahí a pesar del color del día, aunque tal vez el color del sol era diferente). Todas esperan. Qué infierno puede ser la espera, la odia con espumosa rabia, no quiere esperar. El tiempo no mide lo mismo cuando se espera, se vive tan poco en tanto tiempo. El animal patudo que habita dentro de ella le revuelve los órganos, juega a la sopa con ellos, les da vueltas y vueltas con una cucharota de madera y no la deja en paz sino hasta que llega lo que tiene que llegar.
Del otro lado, un montón de butacas y un escenario de fondo negro como para muppets. Ella está en medio, mira a un lado y al otro, ve siluetas y cree que eres tú pero no. Nunca eres tú. Y vuelve la vista al suelo y se soba los brazos y la cara y el cuello y las clavículas. Toma su dije, lo aprieta y le da vueltas. Se arranca la piel de los labios, sangra un poco. Y vuelve a buscar, mira todo pero no ve nada. Los conocidos reculan, se alejan, se abren como una ola que se prepara para dejarse venir y romperse sobre ella. Está más sola aún entre ese escenario y los conocidos reculantes. Tiene su propia frontera y es un instante. Lleva un abrigo largo puesto, le sobran mangas. Se aparta los cabellos y los siglos pasan.
De repente pasa por entre sus pies un bicho de no sé cuántas patas y antenas, lomo liso y verde opaco, casi negro, un par de líneas amarillas le delinean los costados. Su cabeza sobresale notablemente, la mueve mucho. “Aplástalo”, algo o alguien le dice. Apenas alcanza a seguir con los ojos el recorrido del insecto. Alza un pie, se lanza, pero falla. ¡Sus pies pesan tanto! Avanza y rompe el suelo, el insecto tiki tiki tikití es mucho más ágil. ¡Carajo, lo quiere matar, de verdad, como si aplastarlo significara aplastar la espera y mágicamente después te pudiera ver empujando la multitud para llegar hasta ella y extinguir el ansia!
Pero no. No lo alcanza. El bicho trepa por las paredes. Ella no puede trepar por las paredes. Entonces, escoge a alguien del público, un hermano de ella, ayúdame, le dice. En el primer pisotón lo alcanza. El bicho deja de correr, pero no está muerto. Ella sigue siendo incapaz de tocarlo.
Alguien le toca el hombro y voltea instintivamente.
No hay nadie.
Regresa la vista al bicho y se ve que el bicho ya no es bicho si no un busto humano, hecho de papel crepé blanco, desprovisto de cabello. Tampoco tiene labios. En lugar de ojos tiene en las cuencas unos parches del mismo papel. Y se mueve, la cabeza baila sobre los brevísimos hombros, baila y se sacude porque ahora tiene el bicho dentro y trata de romper los parches de las cuencas, se ve latir el papel: pum pum pum...

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