Zuricata.- ¿Me ayudas?
Lémur.- Esto está mal.
Zuricata.- ¿Qué está mal?
Lémur.- Esto, yo no debería de estar aquí.
Zuricata.- ¿Según quién? ¿Por qué?
Lémur.- Es horrible.
Zuricata.- Ven.
Lémur.- ¿Para qué?
Zuricata.- ¡Ven! Tú nada más ven.
Lémur.- No, ya me cansé, ya no quiero.
Zuricata.- ¿Por qué? Hace dos discos no podías parar.
Lémur.- Pero ya, ya me detuve y ya me di cuenta. Esto no está bien.
Zuricata.- Y dale…Lem, el sexo es como comer, como dormir, todos lo necesitamos, es natural.
Lémur.- Pero no entre hermanos.
Zuricata.-¿Y por qué no?
Lémur.-Porque me da asco.
Zuricata.-¿Te doy asco?
Lémur.-No, tú no, esto…lo que hacemos, lo que hicimos. Me quiero ir a mi cuarto, ya déjame, ya no quiero verte.
Zuricata.-Mira, Lem, no somos los primeros y no seremos los últimos, si te la pasas pensando en nosotros como hermanos, pues esto no va a jalar. Yo necesito que pienses en mí como una mujer, una mujer que te da placer, que te quiere. Y ya. No necesitas ponerme una etiqueta de qué clase de mujer soy para ti en el mundo allá afuera. Afuera no existe nada, Lémur, es sólo un baile de máscaras y bailamos el son que nos toquen. Pero adentro podemos ser lo que nosotros queramos y bailar al son que pongamos nosotros. ¡Mira! Así se me antoja bailar a mí, desnuda, frente a ti, alrededor de ti, tan cerca de ti, mirándote a los ojos, besándote en el cuello, en las orejas, en las cejas, en los párpados, en los labios…
Lémur.-¡No, quítate, Zuri! ¡Ya!
Zuricata.-¿Ahora qué? ¿No te gustó que te tocara ahí?
Lémur.-No.
Zuricata.-Ajá, sí, cómo no. Ven, vamos a hacerlo otra vez.
Lémur.-Estás, mal, Zuri. ¿Qué vamos a hacer si mi mamá se entera?
Zuricata.-¿Y por qué se va a enterar? Yo no le voy a decir. ¿Tú?
Lémur.-Pues…no.
Zuricata.-Dudaste.
Lémur.-No. No, no, no le voy a decir.
Zuricata.-Eres débil, Lémur. Tienes ganas de caer.
Lémur.-No, Zuri.
Zuricata.-Débil como hoja, eso eres. Débil…como papá.
Lémur.-No, no es igual.
Zuricata.-Pero se parece, ¿no? Estás muy cerca. No es igual, pero se parece. Sí, tienes razón, mejor vete. Eres un cucho.
Lémur.-¿Cucho?
Zuricata.-Sí, cucho.
Lémur.-Cucha tu chingada madre.
Zuricata.-Es la tuya, pendejo.
Lémur.-No, güey, no es la misma, a ti te trajeron de otro lado, por eso estás bien pinche loca. ¿Qué, no sabías? Por eso, por eso eres así, de seguro tu madre era una puta asquerosa de a peso que mordía vergas en las esquinas de barrios coatlicues y por eso se murió de hambre. Lo puta no es gratuito, lo traes en la sangre. Por eso te gusta soñar con hadas y pendejadas, porque tu pinche mundo está hecho un asco y te gusta creer que no existe dios ni el diablo y que puedes hacer lo que se te hinche la gana, pero no. Dios hizo así el mundo y el mundo sabe qué es lo que acabamos de hacer y el mundo no perdona. El mundo degolla, aplasta, desmiembra. ¿Por quién crees que expulsaron a Adán del paraíso, ¿eh? Si no hubieran existido las mujeres, todavía estaríamos ahí.
Zuricata.-Serían una bola de putos cogiéndose entre sí. Y como a dios no le gustan los putos, pues les puso una mujer en frente, no iba a dejar que se cogieran a sus animalitos, ¿o sí?
Lémur.-Las mujeres son sólo otra desviación.
Zuricata.-Y fuimos hechas a imagen y semejanza.
Lémur.-Dios no puede estar equivocado.
Zuricata.-Amemos a nuestros hermanos.
Lémur.-Yo también amo a mi semejanza.
2 comentarios:
Los lémures amorosos, puedes checar a algunos que escriben poesía
neonidas.com.blogspot.
Gracias por la recomendación y por darte una vueltecita por aquí. Beso, chamaca.
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