Hace tanto tiempo que te soñaba. Quería enamorarme
de ti, plena y llana, ser yo misma en ti, como dice el poeta. Te amo más allá
de la comprensión, cedo a lo que me pidas, me haces sentir tan poderosa y tan
débil a la vez. Es como si hubieras estado ahí siempre, como si el tiempo no
hubiera pasado, vana ilusión, porque mientras no estuvimos cerca, el tiempo fue
un lastre, anclado a la arena de concreto. Aunque a veces podía hasta gustarme
mi propia presencia, no había nada que no hubiera hecho para estar contigo.
Quise y quiero estar contigo, llena de amor, llena de nosotros y nuestra
intimidad, del lenguaje común y familiar, tejido de meses de letras, garabatos
y maullidos de placer, ronroneos de comodidad. Como si fuéramos nosotros para
nosotros mismos y nadie más.
No sueñes con que ha acabado
cuando no termina de empezar. ¿Qué queda más en el futuro? ¿Quién puede
asegurarlo y poner una mano sobre la brasa y decir “esto será, esto otro no”?
Sólo quiero tener confianza y liberarme, ser yo misma siempre, dejar mi
angustia atrás, poder mirar al cielo de los ojos que me ofrece el mundo. ¿Será
demasiado pedir? Ya no quiero sentirme cansada de amar, quiero que el amor me
revitalice, tal y como pasa en ese otro mundo donde la plenitud en el placer me
son vedados, como si una maldición se cerniera sobre mi incondicional cabeza.
¿Es esto amar?
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