I
Imagina las posibilidades de mi boca
amplia y rosada, como los sueños
de cualquier adolescente enervado;
un espacio finito
y sin embargo voraz.
Dime si mi boca no es
un santuario de paz para tu sexo
y también de ansiedad, vértigo y caída.
Sigue:
imagina cuánta piel puede caber
entre mi paladar y mi lengua.
¿Cuántos kilowatts de amor reposan
en las puntas de mi lengua bífida?
¿Cuántos orgasmos en tu garganta?
Cuánto de eso en mi estómago
falaz memoria
reposa a pesar de los días
y las horas
que en sus respectivos minutos guardan
un juego sádico ya vencido.
Doblado esperas a que llegue
a limpiar tus lágrimas con mis besos:
cobarde
espera
la tuya.
Recordarás mis proezas
mi flexibilidad indomable
mi incondicional fragancia
pero nada en el mundo
como el dedo
con el que ahora me despido.
II
Pienso en ti, aunque más que en ti
pienso en tu sexo; el mundo no es una
marca ni un grito, ni una convención
ni un toque, mordida o sueño.
Veo mi amor por ti desvanecerse
como el vaho sobre este espejo.
Si no respiras cerca, me veré enfrentada
con mi historia familiar destilando
a través de mis pupilas un odio milenario
que se descarapela por debajo de mi apellido.
La savia de la Historia se trasluce en cada
una de mis venas.
Quisiera saber si por mis arterias corre una
sola gota de sangre nueva y fértil.
En la miseria de mi cuerpo
lo que permanece
y lo que habrá de olvidarse.
No he terminado de resucitar.
Durante 40 días y 40 noches tendremos que
vernos a la cara;
yo en tus ojos y tú en mi boca.
Imagina una vez más las posibilidades de mi boca.
No te amo y sabes que me la trago toda.
Ahora imagínate que sí.
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