No puedo creer que se lo haya dicho, así como si nada, como hasta luego, como nos vemos, ¿por qué tuve que añadir un te amo a la despedida? ¿Soy estúpida? Ésta pendejada opaca por mucho tantas otras que he hecho. ¿Lo siento de verdad y no me había dado cuenta o sólo fue un...desliz? Jebús. ¡Por qué lo hice! ¡Yo que me ando con tanto pinche cuidado, se me ocurre salir con esa mamada! ¡Te amo! ¡Házme el recagado favor! ¿Y luego qué, te quieres casar conmigo? ¡Pero qué bárbara! ¡Qué bruta! Y todo comenzó con una estúpida llamada, así como suelen ser todas las llamadas entre personas que han cogido entre sí. Es que, ¿por qué se compromete tanto? No es un amante normal, ¿por qué no pudo sólo haber venido la primera noche, poseerme unas tres o cuatro veces, vestirse y largarse? En vez de eso, se quedó a dormir conmigo, a abrazarme, a besarme y a acariciarme como si fuera suya. No soy de él, ¡no, señor! ¿Y por qué se atreve a mirarme así, como enamorado, como perdido, con tanta devosión? Me hace sentir agitada, alegre, excitada en todos los sentidos, pero no estoy enamorada de él. Planea la agenda del día, dormimos juntos, desayunamos, comemos, cenamos, salimos a caminar, me cuida de la fiebre, me lleva a la escuela, me mima, ¡me baña como a una niña! Me besa delante de todos y no tiene miedo de mí ni de ellos. No estaba entre mis planes y Jebús es testigo, pero ¡Carajo que me gusta estar con él! Aghhhh, mierda, ya lo acepté, delante de todos ustedes, delante de ti, morboso lector (valiente conjetura, pensar que tengo un lector). Megustamegustamegusta. Me gusta ir en su coche, me gusta platicar, me gusta darle besos, hacer monadas, acariciar su nuca, sus hombros y su espalda. Descender y después verlo descender a él. Me gusta sentir sus manos en mi cadera, sus abrazos tan ceñidos y suspirar cerca de su boca y sentir mi lengua buscando la suya como quien busca una joya preciosa perdida en un cajón de ropa vieja. Después de toda la desesperación, la angustia y el tormento joyeux del orgasmo, él aproxima su pecho a mi sexo y reposa su mejilla en mi vientre como para escuchar los latidos de mis órganos cansados. Yo siento palpitar su corazón, oh san cliché, y me emociona como el de ningún otro amante. Me emociona, tan tonta yo. ¡Pero nos vamos a separar, lo sé! Ambos lo sabemos, y tal vez es por eso que le dije te amo, maldita, maldita sea. Dice el señor H que a mí me gusta que me abandonen. No he encontrado argumentos para desmentirlo.
Pagué siete mil pesos para que me dijeran que apesto
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O lo que es lo mismo, me pagué una editora, por fin, para que revisara mi
novela.
Y es que yo confiaba en este proyecto, a pesar de que navegaba
doloros...
Hace 6 meses
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