Es verdad. Mis inquilinos, a partir de ahora les voy a cobrar la renta. Porque ya estuvo de que siempre estén haciendo su desvergue y ni quién pague por los platos rotos.
Pinches borrachos mariguanos. No me molesta que se pongan pendejos, me molesta que no inviten y que además no limpien. Luego es un regadero de condones por todos lados. Como la otra vez que iba llegando de trabajar como a eso de las seis o siete de la mañana, que abro la puerta y por no ver dónde piso luego luego me doy en mi madre por pisar un condonsín con mis taconzotes que me pongo. Lo que me dio más coraje fue que cuando abrí la puerta me distraje de ver el suelo por ver al muy putito de mi novio cogiéndose ni más ni menos que a mi primo Tito, el que trabaja en la tortillería de mi abuela Jose. Aquél se estaba dando unos sentones bien sabrosos encima del marica de mi novio mientras yo me daba un sentón pero en una botella de Reyes a medio chupar. ¿Pues qué se creía ese marica de cuarta, que no lo iba a cachar en pleno cogetlón? ¡Pero si es bestia, el pendejete! ¿Qué pensó, que iba a llegar más tarde o que de plano no iba a llegar? Chingao. La otra vez se me hizo tantito tarde porque al taxi que me pedí también se le antojó una sobadita, pero nomás fue media hora, y cómo me la armó de pedo la reinita.
Y luego me sale con que es culpa mía, que lo dejo solo todas las noches, que siempre llego cansada, que prendo el bóiler y no me meto a bañar, que la chingada y media. Pero al joto se le olvida que soy yo quien le paga las chelas, que soy yo quien le paga la mota, que soy yo meramente quien le paga las líneas. Y encima quiere que le prepare sus chilaquiles para la cruda, que si su caldito de pollo, que si su chicharroncito en salsa verde, que si su molito con pechuga. Y si me tardo tantito está jodiendo la madre con que mejor me regreso con mi mamá, que ella sí me da de comer, que ella sí me lava y me plancha y mamada y media. El muy huevón no es para levantarse y hervir agua para prepararse una pinche maruchan de tres pinches minutos. Chingao. Yo llego de darme una soba en el bar del cojo nomás para encontrarme en este cuchitril con este patán hijo de su rechingada madre enculando a mi primo con una sonrisota de oreja a oreja.
Ya sé que esto no es terapia y que esto a ustedes qué chingados les importa, que tienen muchas cositas que hacer y verguitas que chupar, pero es que les digo todo esto porque ya estoy hasta la madre y no quiero malentendidos para la próxima. Ya los dejé dormir, ya los dejé comer, ya los dejé coger a anchas y largas, así que no se me anden quejando de que no los trato bien, porque bien podrían estar allá fuera vendiendo lamiditas de a peso. Antes debieran de agradecerme que hasta les hice su cartera de clientes. Iren, todos muy de la high y shalalá.
Así que pórtensen bien y verán cómo el negocio jala porque jala.
Si no, ya les dije, a chingar a su madre. Total, ¿quién los manda a dejar su casita de Arboledas tan jovencitos? Esto es lo que se ganan por andar de rojillos.
Y este marica es lo que me gano yo por andar recogiendo pelagatos del mercado de abastos.
1 comentario:
jaja de esas regaños dónde incumbe la chingada vida del regañadiente.
me gustó snob, creo que este cuento da para más, podrías hacer la saga y caracterizar más a la proxeneta, me la quiero imaginar! jajaa.
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